¡Hola! Me llamo Javi Collazo, soy de Vigo, Galicia. Me dedico a la fotografía de bodas.

Llegué a la fotografía de casualidad. De chaval estaba siempre haciendo rutas por la montaña, recuerdo una mañana en la que al salir de la tienda de campaña me encontré con un precioso amanecer, un mar de nubes sobre los valles y pensé que me gustaría tener alguna foto para recordarlo. Así que decidí comprarme una cámara. Rompí mi cerdito de los ahorros y me compré la única cámara réflex a la que alcanzaba, una Zenit 122 rusa.

Al principio no entendía nada, fue en el 94 e internet aún quedaba muy lejos, pero unos cuantos libros y carretes después ya le había cogido gusto. Años mas tarde decidí estudiar el Ciclo Superior de Imagen, aunque me considero principalmente autodidacta.

En los 10 años siguientes fui combinando colaboraciones esporádicas en estudios y productoras con varios trabajos que no me llenaban en otros sectores profesionales. Hasta que algo hizo click en mi interior y decidí dedicarme profesionalmente a la fotografía.

Tuve mucha suerte por que coincidí con el despertar de la nueva fotografía de bodas que rompía mucho con lo anterior, con el cliché de hortera y de baja calidad que hasta entonces venía arrastrando este campo. De repente todo era posible y la fotografía de bodas se convirtió en algo tremendamente creativo y diverso. 

Me metí de cabeza en esto, fue una época de mucho aprendizaje. Al principio buscaba mucho la composición en mis fotos, el impacto visual. Poco a poco fui evolucionando hacia una fotografía más documental, que es donde me encuentro ahora. Tengo una forma de trabajar que se basa en estar alerta, esperar a que vayan ocurriendo las cosas e ir buscando la mejor foto de lo que pase. Intervengo lo mínimo posible. Me centro en las personas y las historias entrelazadas que se dan entre ellas.

El ideal que siempre persigo antes de hacer click, es armonizar en una misma foto luz, composición y momento.

Lo que más me gusta de este trabajo es que siempre me supone un reto, me mantiene con la cabeza viva. En las bodas hay que arreglarse con lo que te encuentras y esto te fuerza a estar pensando la mejor manera de resolver cada situación. Es divertido.

Soy muy poco fetichista de las cámaras. Uso Nikon porque fue la marca de mi primer equipo profesional. Al principio trabajaba con objetivos zoom pero ya hace tiempo que los abandoné por ópticas fijas. Por varios motivos, en primer lugar por peso, por calidad óptica y por luminosidad.

Pero el motivo más importante fue para eliminar distracciones. Decidí darle más importancia a lo que pasa delante de mí, que a la distancia focal que pongo para hacer la foto. En las bodas viene bien ser rápido y al restar una decisión ganas tiempo para otras cosas mas importantes como elegir ángulo, exponer, enfocar o pensar en qué foto quieres obtener.


Siempre trabajo con dos cámaras, una Nikon D4 y una Nikon D3S. Lo mas destacable es que son cámaras muy robustas que aguantan bien el “trote”, permiten hacer fotos en condiciones de muy baja luz, la duración de la batería es muy larga, tiene doble ranura de tarjetas, el sistema de enfoque es rápido etc.. Por el contrario las desventajas son su tamaño y peso elevados y que no disponen de pantalla Lcd desplegable.

Llevo en cada cámara un objetivo. Este año llevo la combinación Nikkor 24mm 1.4 G y Nikkor 50mm 1.8G. El Nikkor 85 1.8G lo llevo en la mochila.

Otros años llevaba Nikkor 35mm 1.8G y Nikkor 85mm 1.8 G. Me gusta ir variando de vez en cuando para no acomodarme demasiado. Elijo cámara y óptica según el momento y el tipo de foto que quiera hacer. Las cámaras las llevo colgadas en un cinturón Spider Holster que permite intercambiarlas muy rápidamente.

La mayoría de las fotos las hago con el 24. Es un objetivo que me encanta pero requiere estar siempre bastante atento a todo para anticiparte. Me gusta para hacer composición por capas en profundidad o para incluir más elementos en la toma que puedan aportar algo al punto de interés principal. Cuando hay demasiado caos y no encuentro cómo armonizarlo todo en la foto, recurro al 50mm para eliminar elementos. Para retratar, dependiendo de la distancia y el tipo de toma elijo el 50 o el 85.

Esta forma de trabajar requiere moverse bastante y anticiparse a lo que va a pasar. Es más cansada pero a mí me parece más motivadora.

Mi mochila es una Vanguard Up Rise II-48. Elegí este modelo por tamaño, comodidad y opciones como poder llevar un portátil, un trípode y que tiene un bolsillo lateral para llevar un botellín de agua.

Además de las cámaras, los objetivos, las tarjetas y las baterías, en mi mochila va siempre un Flash Nikon Sb-800 y un pequeño foco led. Llevo siempre un equipo de emergencia en otra bolsa con cámaras, ópticas y flashes de repuesto. En las bodas todo ocurre solo una vez y no se puede fallar.

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