Creo que fue con 10 años cuando me di cuenta de que nunca lograría ganarme la vida dando patadas a un balón de fútbol, aspiración que tenía todo niño en mi barrio en los años 80 del siglo pasado. Tenía que buscarme una profesión alternativa para labrarme un futuro y entonces pensé que podía ser director de cine, ya se sabe que con 10 años las expectativas que uno tiene sobre si mismo son muy altas.

No tardé en darme cuenta de que nunca llegaría a ser el nuevo Orson Wells. Pero gracias a esa aspiración infantil llegó el impulso para empezar a trabajar como meritorio con apenas 16 años en diversas producciones audiovisuales.


Con el tiempo, tenía la práctica pero no la teoría a si que al acabar el bachillerato quería tener un título académico en la materia y encontré refugio en la Formación Profesional en la rama de Imagen y Sonido, pero solo encontré plazas libres en la especializalidad de imagen fotográfica, aunque en aquel momento la fotografía no me interesaba para nada. Con este desinterés total por la imagen fija salí de allí con un título pero con un manejo y conocimiento básico de la cámara y la fotografía.

Mucho tiempo después de acabar los estudios, un día sin ton ni son, me dio por coger la cámara con la que había realizado las prácticas en la Formación Profesional y salí a patear las calles con ella, me encontré con una escena y al fotografiarla me subió tanto la adrenalina que para mi fue como una revelación religiosa. En aquel mismo instante decidí que quería ser fotógrafo. Desde aquel día empece realmente a formarme de una manera práctica y autodidacta.

El salto al mundo profesional me vino por un golpe de suerte: Estaba en un bar enseñándole a un amigo unos retratos que había hecho a gente de la calle y en ese momento se acercó un desconocido que le pudo la curiosidad y me dijo que esas fotos las debería llevar a cierta revista para que las vieran. Así lo hice y para mi sorpresa me compraron las fotos. Fue tanta la ilusión que me hizo que entonces empecé a producir nuevos trabajos de actualidad y a moverlos con mayor o menor fortuna por el mundo editorial. Con el tiempo empezaron a llegar también los primeros encargos fotoperiodísticos.

Con la digitalización de los medios, llegó la crisis del papel que además se sumó a la crisis económica producida por la caída de Lehman Brothers y las dos cosas sumadas hizo que los encargos editoriales cayeran. Entonces me empecé a abrir camino en el mundo de la fotografía corporativa para completar ingresos. Actualmente, gracias a mi principal cliente, hago fotografías en conciertos de todo tipo de música, obras de teatro, danza y demás artes escénicas.

Hasta aquí he contado mi vida profesional, fotografías que tomo con mucho placer pero que en realidad las hago para tener la nevera llena y pagar las facturas. Pero digamos que la fotografía que nutre mi alma de fotógrafo esta más relacionada con la experiencia urbana, no diría que solo hago fotografía de calle o “streetphotograpy” porque también me gusta mucho y cada vez más el retrato callejero, el abordar a gente desconocida por la calle y convencerla para que pose ante mi cámara.


Por lo general me gusta trabajar bajo la idea del proyecto fotográfico que se cocina a fuego lento. Cuando salgo a la calle, voy con la premisa de encontrar ciertas imágenes que ayuden a la narración de la historia que estoy contando, aunque en ningún momento descarto las sorpresas inherentes que te ofrece la calle.

Una vez asistí a un taller de José Manuel Navia uno de los fotógrafos que más admiro y me grabé a fuego una frase que dijo “si tienes muchas ideas lleva poco equipo, si tienes pocas ideas lleva menos equipo, que así, al menos, iras más ligero” y desde entonces así hago, llevo conmigo lo mínimo imprescindible tanto para mi fotografía de “autor” como para los trabajos de encargo.

Actualmente llevo una Nikon D700, que fue un gran error del departamento de marketing de la empresa nipona, pues sacó al mercado una cámara de nivel profesional de aquella época a un precio de cámara de aficionado o gama media. Salvo por el peso que a día de hoy parece excesivo si lo comparamos con los modelos actuales, es una cámara bastante fiable en la mayoría de las situaciones en las que me desenvuelvo. Siempre funciono en manual.

Por lo general, la cámara va montada con un objetivo Nikon 35mm, es una buena óptica para moverse por las escenas callejeras, y si lo que busco son retratos, cambio a un Nikon 50mm y sumo un flash externo Nikon SB 800 con unos transmisores Godox, porque me gusta iluminar con la fuente de luz fuera del eje de la cámara. Tengo un 24mm que apenas utilizo que me quedo de la época de cuando mi cámara no era full frame y me hacia las veces del 35mm.

Todo lo que no pueda fotografiar con estas ópticas, no me interesa. No llevo bolsa de cámara y quizás en mi bolsillo del pantalón pueda encontrarme una batería y una tarjeta de memoria de repuesto. Siempre compro el equipo de segunda mano, para no hacer una gran inversión.

Cuando estoy fotografiando no quiero estar pensando de que el equipo se pueda romper o que me lo puedan sustraer, si diluvia no quiero guardar la cámara para que no se moje, si tengo que saltar no quiero preocuparme de que se de un golpe y si estoy descansando en la barra de un bar no quiero estar pensando de que me pueden robar la cámara.

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