Hola! Soy Marc Rovira, el fotógrafo detrás de «Blanc Mate». Siempre me he sentido atraído por el mundo digital. Nací en el 90 y desde pequeño sabía que de mayor quería vivir de algo relacionado con la rama de los audiovisuales.

A los 18 años me metí en la Universidad con la intención de aprenderlo todo en el grado de Audiovisuales y Multimedia, dónde me apunté. Que equivocado estaba… No me malinterpretéis, cogí unas bases, pero a día de hoy me defino como un fotógrafo autodidacta. YouTube, workshops y mis grandes errores han sido los mejores maestros que he tenido.


Después de dar muchas vueltas y de probar casi todas las especialidades de la fotografía, vi que las bodas me daban algo que todo lo otro no. Llámalo adrenalina del momento, la responsabilidad de capturar EL momento… Vivo toda esa «presión» como un reto que me hace disfrutar mucho de mi trabajo. Tardé lo mío en desarrollar el estilo natural que tengo hoy.

Intento documentar el día como si fuera un invitado más. Sin cortar momentos o preparar nada. A la hora de editar, intento dejar la fotografía con un buen nivel de saturación y contraste. No me gusta desaturar los verdes o alterar mucho los tonos. En general me agarro a los tonos de piel como guía para saber si la edición es buena.

Mi primera cámara fue una Sony, durante la Uni me pasé a Canon (5D mkII) y aquí me he quedado. Hace un par de años probé de volver a Sony con la Sony 7III pero no me convenció su distribución de botones y menús. Lo que si me convenció fue el sistema como cámara mirrorles. Así que cuando salió la Canon EOS R no lo dudé ni un momento y me hice con ella.

Actualmente esta es mi cámara principal y la complemento con la Canon 5D mark III. Que ya es algo vieja, pero todavía aguanta. Mi idea era sustituirla este año por la nueva R6, pero con el parón de la pandemia y la frenada de reportajes/ingresos; creo que voy a esperar. Son dos cámaras que se complementan muy bien.

Es cierto que la Canon 5D mark IV es mucho mejor que la mark III en todos los aspectos. Pero viendo que era cuestión de tiempo que Canon sacase una cámara mirrorles decente, no veía la necesidad de actualizar al tope de gama de la serie 5D. Disponer de la doble ranura en la mkIII se agradece. Ya que en la R se echa en falta. Pero renovando las tarjetas SD (sandisk 32 GB Extreme Pro) cada cierto tiempo, reduce mucho la posibilidad de que falle una tarjeta de memoria.


En cuanto a los objetivos tengo que decir que soy un poco especial. Ya que no tengo un combo ideal al estilo 35-85 o 24-50. Voy según el día y mis sensaciones. Aun así en mi mochila nunca faltan el Canon 35mm F1.4L, el Canon 100mm F2.8 L, el Canon 17-40mm F4 y el Canon 24-70mm F2.8.

El punto de partida en todas las bodas suele ser el 35mm F1.4. Que es una focal muy cómoda para empezar a documentar el día. Para los momentos de la ceremonia, donde siempre es bueno guardar un poco las distancias suelo montar el 24-70mm o el 100mm (dependiendo de las distancias). Mantengo este último combo durante los retratos y en el cocktail/comida vuelvo al 35.

Cuando llega la fiesta la cosa cambia. Me gusta mucho trabajar este momento con el flash fuera de cámara. Montando un angular para acercarme en esos momentos locos de desfase. El 17-40 a unos 24mm es el punto dulce.

Cambiando ligeramente de tema, cuando viajo suelo llevarme el Canon 40mm F2.8 (el pancake). Por tamaño y peso. En mi opinión es un objetivo que no tiene nada que envidiar al 35. Pierdes algo de luminosidad (rara vez trabajo por debajo de F2), y es verdad que viñetea un poco a F2.8. Pero cerrando a F4 ya casi no se nota nada. Digo esto porque con los resultados que me ha dado el 40, estoy pensando en vender el 35 y quedarme solo con este. Además, siguiendo esta línea, creo que mi siguiente compra será el Canon 24mm F2.8 (también en su versión «pancake») y así aligerar todavía más el combo de trao para la fiesta.

Soy de los que no sabe trabajar con dos cuerpos de cámara a la vez. Por eso he buscado un sistema que me funciona bien para poder trabajar con un solo cuerpo y tener el flash o un objetivo secundario siempre a mano. Llevo todo el equipo en una vieja mochila Lowepro (supongo que el equivalente actual sería la Pro Runner BP 350 AW II). Además de una pequeña bolsa Hama que ato a mi cinturón cuando ya estoy en el sitio.

Así no tengo que cargar continuamente con todo el equipo y tengo lo esencial encima en todo momento. Además tiene bolsillos extras donde meto tarjetas SD o baterías de repuesto.

En las bodas es raro que lleve trípode, pero en casa tengo el Manfrotto 055 junto a la rótula 410. Algo que me viene muy bien para hacer algún trabajo de fotografía de producto o de arquitectura.

Por último, uno de los grandes descubrimientos que me hizo dar un salto de calidad en mi trabajo por su simpleza, fue el sistema de flahes Godox. Tengo un Godox AD200 y un Godox V1 junto al disparador Xpro para Canon. Pocas pegas puedo ponerle a esta marca; son flashes potentes, pequeños, versátiles y me encanta el sistema de baterías recargables en vez de las tradicionales.

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