¡Hola! Me llamo Mónica soy canaria y aunque la mayor parte de mi vida he residido en Madrid, puedo decir que tengo el corazón partido.

Descubrí la fotografía en una etapa de tristeza en mi vida hace apenas dos años a finales del 2017. Según tengo entendido, eres más productiva (fotográficamente hablando) cuando sientes nostalgia, así que imagino que esto me ayudó en mi evolución.

Cuando digo que “descubrí la fotografía” me refiero al hecho de sentirla realmente. Mi vida siempre ha estado vinculada a ella a través de mi padre que tuvo esta afición y posterior profesión desde bien joven.

Por ello, la mayor parte de mi infancia estuve rodeada de negativos, diapositivas y cuartos oscuros, por lo que veía más fotos “tendidas” que ropa. Imagino que, aunque no me saltara la chispa o surgiera esta pasión a más temprana edad, a la larga ha florecido cuando necesitaba hacerlo.

Este medio de expresión me ha ayudado a agudizar mis sentidos y afinar mi atención. Lo que antes era andar de un lado a otro únicamente pensando en el destino, ahora se ha convertido en disfrutar del camino sin querer llegar al final.

Me atraen los colores, luces, sombras, gestos, pequeñas historias o trocitos de vida y especialmente, la vida tras los cristales, esos que parecieran protegernos de cualquier cosa que pase tras ellos, limpios, sucios, traslúcidos o mojados, me encantan en todas sus modalidades y con todos sus reflejos. Esa realidad paralela que añade más historia si cabe a esa fotografía elegida.

La foto de calle en concreto es la que más me inspira y divierte, ha activado resortes que tenía dormidos y ahora mis ojos están más despiertos que nunca para ver cosas que en otro tiempo pasarían desapercibidas. Se puede decir que ahora camino con ojos que “ven”.

En ocasiones me pregunto, ¿Por qué fotografío? Y es por lo que siento, cuando salgo a fotografiar sueño. La fotografía para mí es un reflejo de quienes somos, es emoción, es como una ventana a un mundo paralelo en el que yo elijo los momentos que se quedarán para siempre.

Tengo una Fujifilm X-T3 y estoy muy contenta con ella. Es la perfecta herramienta para plasmar mis ideas.

Me resulta muy manejable y fácil de usar y para el tipo de fotografía que hago, tener todo tan a mano sin necesidad de ahondar en menús me facilita mucho las cosas.


Para hacer fotografía callejera es importante pasar desapercibida por lo que el obturador electrónico que tiene me resulta de mucha utilidad. Por supuesto los resultados y las imágenes que consigo con ella para mí son excepcionales.

La mayoría de las veces uso el modo manual del dial ya que me gusta controlarlo todo y como suelo caminar bastante, la luz, las situaciones y mis propias intenciones suelen variar mucho, por lo que tener el modo manual para mí es necesario.

Como la mayoría de nosotros empecé con el objetivo 18-55mm hasta que oí hablar de los 35mm… estuve un tiempo bloqueando mi zoom para ver si sería capaz de adaptarme a un objetivo fijo y vaya! Fue toda una alegría ver que incluso resultaba mas divertido tener que moverme yo misma para realizar las fotografías que quería.

Poco a poco he ido adquiriendo otros objetivos fijos con diferentes distancias focales, con cada uno se tienen diferentes intenciones y es divertido jugar con ellos para no hacer siempre lo mismo, pero realmente con el que mas cómoda me siento de momento es con el 35mm que además es el más luminoso.

En este momento dispongo de tres objetivos:

Cuando salgo a fotografiar lo único que me llevo son tres baterías y la cámara con la lente que haya elegido para ese día y una bolsa pequeña impermeable donde meto lo citado. No necesito nada más.

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