Antes trabajaba en el mundo de las relaciones internacionales y el desarrollo. La fotografía era un hobby que, con el tiempo, se fue haciendo más serio.

Viviendo en Washington hice varios cursos de fotografía y finalmente un programa profesional que me animó a dar el salto. Con el primer reportaje extenso que hice por mi cuenta, en mi tiempo libre, sobre el Sáhara Occidental y los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, Argelia, acabé haciendo una exposición en el Congreso de los Estados Unidos que tuvo bastante impacto.


Cuando poco después me fui a vivir a Filipinas decidí darme una oportunidad por un tiempo e intentar dedicarme a la fotografía profesionalmente, a tiempo completo, aunque no sabía exactamente cómo hacerlo.

Tuve suerte, o estaba preparado para cuando llegó la suerte, y mi primer encargo como fotógrafo, a la semana de estar allí, fue para el New York Times. Esto lo vi como una señal del universo y ya no hubo vuelta atrás. A partir de ahí he trabajado como freelance también para muchas otras de las principales publicaciones internacionales, tales como el Wall Street Journal, Le Monde, o el País, o para ONGs como Médecins sans frontières, Save the children o CARE, además de desarrollar mis propios proyectos personales.

Diría que lo que hago es fotografía documental, pero dentro de esta categoría también podría incluir fotografía de calle, fotografía para ONGs, fotografía de viajes, o incluso fotografía de deportes. Un gran proyecto en el que trabajo desde hace años es sobre el mundo del rugby a nivel global. Se podría decir que es fotografía de deportes pero en realidad siempre lo hago como fotografía documental, intentando mostrar todo lo que hay alrededor de este deporte en los países con mayor tradición.

Como fotógrafo en Madrid también intento capturar el día a día de mi ciudad y esto lo podría clasificar más como fotografía de calle o “street photography”. Siempre me ha gustado mucho viajar y al comienzo de mi carrera (y todavía hoy) mis viajes estaban muy ligados a la fotografía.

Cada viaje es una gran oportunidad para realizar un nuevo reportaje, así que también podría decir que hago fotografía de viajes. Los últimos que he realizado, justo antes de que estallara la pandemia, han sido en Canarias, en la maravillosa isla de El Hierro, y en el carnaval de Tenerife. Durante mis ocho años viviendo en Filipinas intenté capturar con mis cámaras el espíritu de ese país, con la religión como hilo conductor. Allí también me especialicé en fotografía documental para ONGs. Con el trabajo de esos años voy a publicar, espero que pronto, mi primer libro de fotografía. 

Soy muy minimalista en cuanto al equipo. Me gusta ir con cámaras pequeñas, discretas, que llamen poco la atención. En mis comienzos utilizaba una Leica M6 que adoro (aunque ya la uso poco), y creo que ese espíritu se ha quedado conmigo, también en el mundo digital.

La cámara que más uso ahora es la Fujifilm x100s, que precisamente me recuerda a lo que era fotografiar con la Leica. Es pequeña, muy ligera y discreta (aunque tan bonita que llama la atención), pero sus fotos tienen gran calidad.

También utilizo una Canon 5D Mark II. Sobre todo para fotos de acción, por ejemplo las de rugby, tiene una velocidad que la Fuji no me da. La calidad de las imágenes de la 5D es excelente.

Para el día a día utilizo mucho la cámara del teléfono. Es absolutamente discreta y me permite llevar una cámara todo el tiempo con lo que encuentro fotos que de otra forma no haría. La calidad de los archivos es sorprendentemente buena para su tamaño. Las fotos que aparecerán en el libro de fotografía de calle en Madrid que estoy preparando habrán sido casi todas realizadas con un iphone (y no de los más modernos).

Como con las cámaras, con los objetivos intento ser muy minimalista y discreto. Aunque los objetivos de Canon son excelentes, en la Canon 5D el 95 % del tiempo llevo puesta una lente Voigtländer de 40 mm f2. Me gusta mucho su óptica, y es muy pequeñita, con lo que la cámara se hace bastante compacta. Además es de enfoque manual, lo que me hace disparar de una manera más pausada. Esta combinación me da un poco lo mejor de dos mundos. Me he acostumbrado a distancias focales fijas en lugar de zooms y me encanta el 40mm, justo entre los 35mm y  50mm que usaba antes, con el que puedo hacer casi de todo.

Para casos (raros) en los que necesito un tele potente o un gran angular, tengo varios zooms de la serie L de Canon, el Canon 70-200mm f4 o el Canon 17-40mm f4. Ópticas excelente pero, para mi gusto, demasiado grandes.

Para viajes tengo una mochila Temba muy compacta, en la que puedo meter todo el equipo. Para salir a hacer fotos suelo utilizar una bolsa Domke F-4AF de lona que tiene casi veinte años y sigue aguantando. Indestructible.

A veces, si no quiero que se note que soy fotógrafo, simplemente llevo la cámara en una mochila barata, al hombro. Para fotografiar en la calle en Rio de Janeiro la llevaba en una bolsa de plástico de supermercado. Todo vale, dependiendo de la ocasión. Nunca he utilizado trípode o flash.

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