Me llamo Óscar Domínguez y soy fotógrafo profesional especializado en vida salvaje y conservación, con sede en Barcelona.

Me obsesiona la naturaleza: viajar, escalar, correr y observar aves, han sido solo algunas excusas para pasar el máximo de tiempo en ella. 

Mi objetivo es crear imágenes que promuevan la conservación de la naturaleza. Imágenes que inspiren y muevan conciencias, imágenes que puedan generar cambios. 

Para poner en valor y proteger un espacio natural, o una especie, has de verlo primero y por eso son tan necesarias las buenas imágenes. En mis reportajes muestro la vida salvaje y lo que sucede en su entorno.

Considero de vital importancia incluir a la población local e involucrarla en las tareas de protección. Me interesa fotografiar especies poco documentadas y en estado salvaje. Fruto de ese interés, en los últimos años he trabajado en varios proyectos de largo recorrido. 

Uno de ellos ha sido sobre el estado de conservación del sisón (Tetrax tetrax) en Catalunya, documentando el ciclo de esta especie, emblema de las estepas y planicies cerealistas de la Península Ibérica, y que ha contado con la colaboración de un equipo del Departamento de Biología Animal de la Universidad de Barcelona.

El reportaje ha sido publicado en la prestigiosa revista BBC Wildlife Magazine —ediciones de UK y Taiwán— y en la revista alemana NaturFoto. En 2016 recibí con este trabajo el premio al “Fotógrafo conservacionista del año” que otorga AEFONA (Asociación Española de Fotógrafos de Naturaleza).

También he publicado en otros medios como New Scientist, The Guardian o Viajes National Geographic. Mi archivo está representado por la agencia estadounidense Tandem Still + Motion

Siento especial admiración por el trabajo de algunos fotógrafos que me han influenciado, como Michael “Nick” Nichols, Mattias Klum o Tim Laman, por sus historias en lugares remotos y difíciles, como la cuenca del Congo, Borneo o Nueva Guinea.

En el ámbito de la fotografía de montaña siempre regreso a Galen Rowell por su combinación total entre alpinista, fotógrafo y conservacionista.

En cuanto al equipo, he trabajado durante muchos años con cámaras réflex de la marca Canon. Empecé con una T-90 de segunda mano, cuyo sonido al disparar me tenía fascinado, hasta llegar a las actuales Canon EOS-1D X Mark II y Canon EOS 7D Mark II.

Los objetivos Canon que últimamente estaba utilizando eran:

Desde hace unos meses he empezado a trabajar con equipo Fujifilm de la serie X, concretamente con la Fujifilm X-T3. En términos generales –teniendo en cuenta que hasta ahora utilizaba exclusivamente equipos réflex–, la característica que más me ha impresionado es la relación entre el tamaño y peso de la cámara y sus prestaciones.


Creo que un cuerpo tan pequeño y ligero con tal cantidad de funciones, tanto en foto como en vídeo, abre nuevas e infinitas posibilidades para un fotógrafo de naturaleza que viaja muy a menudo con una gran cantidad de equipo.

Trabajar con una cámara pequeña permite utilizar accesorios, como trípodes o sliders, más ligeros y menos aparatosos. Así que desde el punto de vista de la movilidad y el transporte todo son ventajas.

Además, en algunos de mis trabajos, la discreción es muy importante. Disponer de una cámara pequeña permite pasar inadvertido y obtener imágenes que necesitarían más tiempo y esfuerzo con una cámara de mayor tamaño.

En general utilizo mucho más los teleobjetivos, que se adaptan mejor a mi modo de ver el mundo. Siempre llevo un juego de tubos de extensión que me permiten disminuir la distancia mínima de enfoque. Los utilizo especialmente para flores, anfibios u otros elementos que requieren de aproximación. 

Los objetivos que utilizo de Fujifilm son:

Para transportar el equipo utilizo una mochila FirstLight 40L de Mindshift. En ella cabe todo el equipo Fujifilm además de unos prismáticos, un Apple MacBook Air de 11 pulgadas y dos discos duros Lacie Rugged Mini de 1 TB. Mi trípode habitual es el Gitzo GT3541XLS.

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