Lo salvaje siempre me llamó la atención, y cuando de verdad entré en su mundo vi que esa agresividad tan sólo era una fachada infundada por el ser humano para alejarnos de lo que realmente somos. El llamado mundo animal, difícil y misterioso, es en realidad un campo lleno de emociones, duras y cálidas a partes iguales. Y eso es precisamente lo que trato de reflejar en mis fotografías, lo bello dentro de lo salvaje.

Ahora sí, mi nombre es Pedro Abel Adalia, soy fotógrafo de naturaleza y viajes además de escritor de relatos. Hace 3 años encontré en la fotografía la mejor forma de expresarme. Lo que me apasiona de ella es ese regalo que nos hace de poder captar «para siempre» un momento que, sin embargo, es efímero.

Siempre sentí que mi futuro debía estar rodeado de animales pero reconozco que tuve un periodo de vacío en el que no tenía claro el rumbo que debía tomar, fueron momentos de incertidumbre en los que no sabía qué quería para mí. Me gustaba mucho el arte, pintar y dibujar me ayudaban a expresar lo que sentía, pero… ¿Arte y naturaleza? ¿Cómo juntarlo? Todo esto me llevó a encontrarme en África, un continente con significado propio y el que es para muchos, el verdadero paraíso en la Tierra.

Dicen que África te cambia y cuánta razón… África te transforma por completo, quieras o no, y a mí me hizo consciente de que era mi deber mostrar al mundo todo aquello que aún tenemos pero que si no cuidamos, vamos a perder para siempre.

Antes de mi aventura africana, adquirí mi primera cámara que aún me acompaña y a la que debo muchas satisfacciones, una Nikon D5300.

Kenia fue mi punto de partida como fotógrafo, pues fue allí, rodeado de un mar de animales que se perdía en el horizonte, tan sólo recortado por la raquítica silueta de las acacias, donde comencé a tomar mis primeras fotografías con cámara réflex; el resto del aprendizaje fue un proceso largo y lento, a la par que emocionante. En él han tenido mucho que ver otros viajes que he realizado en busca de las escenas más emotivas del reino animal: Suecia, Dinamarca, Suiza, Reino Unido, Bélgica, Portugal… Posteriormente comencé a publicar en revistas de viajes y fotografía en las que cuento mis experiencias e inquietudes sobre este arte.

Tengo un estilo de fotografía muy dramático. Busco la luz, la sombra, la belleza, la dureza… en definitiva, los antagonismos que forman parte de mi día a día en la naturaleza. No os voy a mentir, me ha costado mucho tiempo encontrar mi propio estilo, con el que me siento a gusto y logro sorprender y transmitir; esto lo consigo con técnicas de fotografía artísticas como claves bajas y altas, sin olvidarme de la escritura, pues unir la imagen y la palabra me parece la mejor manera de «tocar» todos los sentidos del espectador.

Para mí la fotografía se basa en contar historias. No sólo capto un momento único e irrepetible sino que además explico qué pretendo enseñar con él a los demás. Me especialicé en fauna salvaje y, sobretodo, en los grandes mamíferos ya que, por cercanía genética y emocional, son aquellos con los que más podemos empatizar y llegar a entender. Con esto no quiero menospreciar a las demás especies que nos acompañan y que, por supuesto, también retrato, es sencillamente eso, la capacidad que tienen para emocionar.

Mi equipo fotográfico

Harto de escuchar: ¿qué es un fotógrafo sin cámara? decidí invertir en mi vocación y comencé a formar mi equipo, el cual me permite captar el mundo tal y como es:


  • Nikon D5300: es una cámara de rango semiprofesional, que sin embargo tiene muy buenas prestaciones. Posee un procesador Expeed 4 que permite hasta 5fps y una mejor respuesta en situaciones de escasa luz, algo imprescindible para la fotografía de fauna. Al ser una cámara APSC, podemos aprovechar el factor de recorte que me permite tener un mayor rango focal. Considero que es una excelente cámara para comenzar en la fotografía con una gran calidad-precio.
  • Nikkor 200-500mm f/5.6: «la joya de mi corona». Un teleobjetivo rápido y versátil que permite captar escenas rápidas y dinámicas con una precisión y calidad asombrosa. Posee un modo de estabilizador Sport, el cual permite estabilizar la imagen incluso cuando el sujeto está en movimiento. A pesar de lo que podría parecer por su peso, me resulta muy manejable y fácil de transportar, algo importante sobre todo para los desplazamientos en avión. Gracias al interruptor de bloqueo de zoom, el objetivo queda protegido cuando no se está utilizando. Este objetivo permite realizar fotografías con gran definición y profundidad de campo. La apertura es constante en todo su rango focal lo que permite imágenes luminosas incluso a 500mm.
  • Nikkor 55-300mm f/4.5-5.6: este teleobjetivo es mucho más económico que el anterior y aun así está equipado con el eficaz estabilizador VR de Nikon. Esto es una pieza clave para tomar fotografías a pulso. En cuanto a los contras que veo en este objetivo confieso la más obvia que es el enfoque relativamente lento en el modo AF, sobretodo en condiciones de escasa luz o cuando el sujeto se encuentra tras varios objetos, en este caso recomiendo utilizar un enfoque manual. Su precio y buenas prestaciones lo convierten en el objetivo ideal para empezar en el mundo de la fotografía de acción.
  • Nikkor 50mm f/1.8: un objetivo corto de focal podría parecer poco útil para tomar fotografías de animales salvaje que, como poco, se mantendrán lejos de ti y de tu encuadre ideal, sin embargo, en muchas ocasiones debemos fijarnos no solo en el sujeto sino en el entorno para poder captar al animal en su propia «casa». Puesto que también soy un gran amante de los paisajes y de la astrofotografía, este objetivo tan luminoso es mi aliado cuando cae la noche o los animales pasan a un segundo plano para perderse en espectaculares paisajes. Dicen que los objetivos 50mm presentan fotografías de forma muy similar a como perciben nuestros ojos el mundo. ¡Sal a comprobarlo!

Complementos fotográficos

  • Mochila Hama Track Pack II: un complemento básico para el transporte seguro del material fotográfico es una buena mochila. Esta me permite transportar todos mis objetivos de tamaño medio y cámara. Es realmente cómoda por lo que se ha convertido en una imprescindible de mis viajes.
  • Velbon EX-430: a pesar de lo que podría parecer y siendo cierto el poco uso del trípode en fotografía de vida salvaje, nunca sabes cuándo vas a querer estabilidad extra o tomar fotografías de otro estilo (paisajes, astrofotografía, timelapse…), además ¿y si te da por darle al vídeo? En definitiva, un buen trípode es algo que todo fotógrafo debe tener en su equipo.

Os animo a que le echéis un vistazo a mí trabajo, con él espero transmitiros aquello que sentí en el momento de presionar el botón de mi cámara.

Web y redes sociales

Web: www.adaliaphotography.com
Instagram: @adaliaphotography_